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Preparación para la escuela: lo que los padres deben saber


A medida que se acerca el primer día de clases, muchos padres están ocupados comprando útiles escolares, eligiendo mochilas y preparándose para una nueva rutina. Pero una de las preguntas más importantes que las familias pueden hacerse es: ¿Está mi hijo realmente preparado para la escuela?


Si bien las habilidades académicas son sin duda importantes, la preparación para la escuela va mucho más allá de saber letras y números. La capacidad del niño para comunicarse, seguir instrucciones, entablar relaciones y realizar tareas cotidianas de forma independiente desempeña un papel fundamental para sentar las bases de un año escolar exitoso.


«Cuando los padres nos preguntan si su hijo está preparado para la escuela, les animamos a que miren más allá del ámbito académico», explica Jill Goodrich, directora ejecutiva de Opportunity School. «Algunas de las señales más importantes incluyen la capacidad de seguir instrucciones sencillas de uno o dos pasos, comunicar deseos, necesidades y sentimientos, compartir y respetar los turnos con los demás, completar rutinas cotidianas como lavarse las manos, ponerse la mochila y recoger de forma independiente, y demostrar habilidades motoras finas como sujetar un lápiz, pasar las páginas de un libro, usar tijeras seguras para niños y manipular objetos pequeños».


Goodrich afirma que estas habilidades fundamentales ayudan a los niños a entrar en el aula con confianza, preparándolos así para el éxito.


«Los padres no necesitan herramientas de aprendizaje costosas para ayudar a sus hijos a prepararse», afirma Goodrich. «Leer juntos todos los días, animar a los niños a vestirse solos, practicar tareas sencillas, colorear y darles oportunidades para tomar decisiones contribuyen a fomentar su confianza e independencia».


Opportunity School también recomienda dedicar tiempo a hablar con los niños sobre qué esperar durante la jornada escolar. Visitar un parque infantil, practicar rutinas para la hora del almuerzo y establecer horarios fijos para acostarse pueden ayudar a reducir la ansiedad y facilitar la transición.


«Cada niño se desarrolla a su propio ritmo», afirma Goodrich. «Nuestro objetivo no es la perfección antes del primer día de clase, sino ayudar a los niños a sentirse capaces, seguros y entusiasmados por aprender».

 
 
 

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